Itinerario entre Arte y Devocion

Os proponemos un itinerario en el centro histórico de Génova que une religiosidad, devoción y patrimonio artístico. Salimos desde Piazza Banchi.
Alrededor de la plaza y en las calles cercanas, podemos observar la devoción de una ciudad que escogió como Reina a la Virgen dejando apreciables indicios en las Madonnette, o sea las antiguas “Edicole Votive” (pequeños altares) que las corporaciones de comerciantes y artesanos hacían erigir sobre las casas y en las superpuestas a sujeto religioso, entre las cuales destaca la Adoración del los Reyes Magos (mitad del siglo XV, escuela Gagini) situado en la calle Orefici.
A poca distancia, en la plaza Cinque Lampadi, encontramos las casa de los Fieschi, que evocan a vida las obras de una santa genovesa: Caterina Fieschi Adorno, cuyos despojos incorruptos descansan en la iglesia que tiene su nombre, en el barrio de Portoria.

Para llegar a la Catedral de San Lorenzo se necesitan pocos pasos: en la catedral se guardan las Cenizas de San Juan Bautista, patrón de la ciudad. En el cercano “Museo del Tesoro” (obra maestra museística de fama internacional) podemos encontrar tesoros sagrados que cuentan historias legendarias  y maravillosas: desde el “Sacro Catino” como reliquia de la Ultima Cena, hasta el plato que según la tradición recogió la cabeza del Bautista o la preciosa Cruz de los Zaccaria, pasando por las maravillosas arcas procesionales.

Poco después cortamos con la Iglesia del “Gesù e Sant'Ambrogio” (originaria del siglo VI), reconstruida en el siglo XVII por la noble familia Pallavicini, que en un rico esplendor barroco conserva unas muy apreciadas obras de arte como por ejemplo la “Circoncisione” di P.P. Rubens en el altar mayor.
En las faldas del cerro sede de la primera comunidad genovesa, encontramos la iglesia de San Donato, un apreciado ejemplo de arquitectura románica con una bella torre campanario octagonal; inolvidable el tríptico de la Adoración de los Reyes Magos (1515) comisionado al pintor flamenco Joos van Cleeve.

Alta en la colina, cerca de la histórica Torre de los Embriaci, recordándonos la familia que protagonizo las cruzadas encontramos la monumental Basílica de Santa Maria di Castello, de origen anterior al siglo VII. Ésta constituye con el anexo convento de los Dominicos un complejo de extraordinaria importancia y de rara sugestión. Contenedor de obras maestras de arte en la iglesia y en el museo, la recordamos aquí también por la gran cantidad de Ex Voto dedicados a Cristo Moro, escultura de madera medieval hoy en el altar mayor, la cual,  los marineros que llegaban a Génova saludaban con las sirenas para invocar su milagrosa protección.

En el oratorio de  San Giacomo de la Marina, 11 grandes telas cuentan la vida y la leyenda de San Giacomo. El edificio barroco, asomado sobre el recorrido de las Mura delle Grazie, es la sede de una “Casaccia” y se encuentra en el camino para  Santiago de Compostela, una de las metas de peregrinos de la cristiandad que portaron a muchos fieles a cruzar y conocer nuestra ciudad.

Volviendo a Banchi, pocos pasos nos llevan a la iglesia de San Luca, donde revive por mano de “Il Grechetto” el evento de la Natividad.
Cúpulas y campanarios maravillosos como el románico de la milenaria Basílica de
Santa Maria delle Vigne” aparecen de la plateada extensión de los techos de pizarra debajo de la "Via Aurea" (via Garibaldi). En las proximidades encontramos la Basílica de San Siro ( primera catedral de la ciudad)  con preciosas formas barrocas evocando el “milagro del Basilisco” cumplido por el Santo Obispo Siro.
En la zona merece visitar la Iglesia y el Oratorio de San Filippo Neri - barrocos en la calle Lomellini - y la basílica de la “SS. Annunziata del Vastato”, entre las mas amplias e interesantes de la ciudad, espléndida de tesoros y decoraciones.

Recorrida Via Balbi, la Iglesia de San Giovanni di Pré, de la cual tenemos noticias desde el 1180, deseada por los “Cavalieri di San Giovanni di Gerusalemme” después “Cavalieri di Malta”. Junto a la Iglesia inferior y al Palacio de la Commenda, lugar de alojamiento y cura para monjes, caballeros y peregrinos en viaje hacia Tierra Santa. Éste constituye un conjunto arquitectónico de los más significativos del arte románico genovés, además de haber sido testigo de las más encantadoras vicisitudes históricas, como por ejemplo la llegada de Guglielmo Embriaco después de la conquista de Jerusalén y Cesarea, en el 1089, ocasión en la cual según la tradición llegaron en la ciudad las cenizas del Bautista.

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